En una ocasión hablaba con una persona y me pregunto que cual era mi mayor deseo en la vida. La realidad es que para ese momento me quede pensativo y muchas cosas importantes me vinieron a la cabeza, pero no encontré entre todas ellas, algo verdaderamente valedero y sincero a mis sentimientos que se pudiera identificar como mi mayor anhelo, entonces me quedé sin respuesta para esa pregunta.
De inmediato procedí a preguntarle lo mismo y para poca sorpresa a mi persona, me respondió que lo que más deseaba era ser feliz. En seguida exclamé internamente, ¡pero claro, eso me pasó por la mente! Sin embargo no quise dar esa respuesta porque la felicidad para mí es una quimera, simplemente una utopía por la cual debemos luchar, pero conscientes de que no la vamos a alcanzar.
He escuchado a muchas personas decir que se sienten feliz, pero nunca he escuchado a nadie decir SOY FELIZ, para alcanzar la felicidad hace falta tenerlo todo o por lo menos entender que lo tienes todo con lo que realmente tienes. Cuando digo tenerlo todo, no necesariamente me refiero a las cosas materiales, sino también a las espirituales, a las físicas, a las que se ven y también a las que no se ven. La felicidad no es sinónimo de la conformidad, sino de plenitud, es algo más profundo, es tener una vida sin huecos, sin lagunas, sin vacios.
La felicidad guarda mucha relación con la perfección, con la cercanía a DIOS, con la paz con sí mismo, con la no necesidad de nada. Cuando digo que es una quimera o una utopía, lo digo porque realmente debe ser el fin que persigamos, la meta misma, pero debemos estar muy, pero muy conscientes de que es casi seguro que nos pasemos toda la vida persiguiéndola, en esa persecución encontraremos muchas cosas interesantes y careceremos de muchas otras, precisamente eso es lo que hace la vida atractiva mientras encontramos la felicidad.
La felicidad es para perseguirla, no para encontrarla por lo menos, no en esta vida. Podremos alcanzarla en un estado y carecer de ella en otro, pero plenamente siempre estaremos persiguiéndola, siempre nos hará falta algo que la complemente, no importa cuántos libros de auto ayuda hayamos leído. Eso es lo que nos permite abrir los ojos cada mañana y luego de dar gracias a DIOS, prepararnos para un nuevo día, para una nueva persecución, para una nueva búsqueda. Es posible que lleguemos a la noche sin encontrar lo que salimos a buscar, pero nos sentiremos bien con lo cerca que estuvimos de hallarla y eso nos permitirá volver a tener un despertar similar.







